IGNORANCIA
ACERCA DE LA INCONTINENCIA DE ORINA
Necesidad de una mayor información.
Uno de los interrogantes todavía no aclarado de la IO, es el referente a la
frecuencia de este síntoma en la población general.
La incidencia de incontinencia de orina es difícil de establecer.
Las estadísticas mundiales consultadas, varían según sean consideradas, la edad
y el sexo de cada persona, el origen geográfico/cultural del estudio, el tipo
de incontinencia valorada y la evaluación de la intensidad de la pérdida.
En las citas bibliográficas mundiales, la frecuencia de la IO, figura con un
promedio del 15 %.
Por proyección estadística, de este porcentaje, la IO en la Argentina, estimada
sobre una población de 30.000.000 de habitantes, afectaría aproximadamente a
1.500.000 personas.
En una evaluación de 193 pacientes de más de 65 años, que consultaron por IO,
9 de ellos (5%) tenían IO severa, 49 (25%) moderada y 135 (70%) sólo referían
problemas leves de pérdida urinaria.
Sabemos, que la gran mayoría de los pacientes incontinentes pueden ser tratados
con éxito; sin embargo, a juzgar por la venta libre de apósitos y pañales para
adultos, se tiene la impresión de que esa premisa no es cierta.
Sobre esa misma sospecha se hizo en USA, una campaña de concientización sobre
cuatro ciudades de más de 10.000 habitantes: Indianápolis, Charlotte,
Phoenix y Gran Rapid. En nuestro país hemos repetido esa pesquisa en las ciudades
de Buenos Aires, Mar del Plata y Gualeguaychú.
Los resultados obtenidos subrayaron el hecho de que muchos pacientes tratan
su incontinencia sin consultar al médico y que además existe escaso conocimiento
acerca de la IO. Este desconocimiento, no sólo afecta a la población general,
sino también a los familiares y profesionales en contacto directo con los pacientes.
Se ha comprobado que la cantidad de personas incontinentes que no buscan ningún
auxilio médico sigue siendo muy elevada. Muchas de ellas no lo hace por ignorancia,
por temor o por vergüenza y cuando lo hacen sólo lo comentan con un familiar
o un amigo. Menos del 15% de los incontinentes hablan con su médico acerca de
este problema. De los que lo hacen, un gran porcentaje quedan insatisfechos
con la respuesta recibida. Comentarios como "es un problema femenino que aparece
después de los partos", "es una parte natural del envejecimiento"..., o "es
un problema de la próstata inflamada"... son frases escuchadas como respuestas
a muchas consultas hechas a los médicos generales, farmacéuticos y enfermeras.
Muy pocos de estos pacientes duda de esos diagnósticos tan rápidos y aceptan
la prescripción de algún medicamento sin más trámite.
Existe una desorientación de los incontinentes acerca de a quién deben
consultar por ese problema. Más de la mitad de ellos (65%) dijeron que
consultarían con otro médico general, para "ver si acertaba con el tratamiento".
El 13% lo harían con un "buen kinesiólogo", el 15% de las mujeres con un tocoginecólogo
y el 10% de los hombres con un urólogo o no sabían con quien hacerlo.
De los niños de más de cuatro años con enuresis, el 30% de los padres dijeron
que primero lo consultarían con el médico de la familia, el 25% volverían a
ver al pediatra que conocía al niño desde la lactancia y solamente el 1% pensaron
en consultar a un uropediatra.
En la entrevista con médicos no urólogos y farmacéuticos se les preguntó a estos
profesionales que opciones de tratamiento conocían y que exámenes serían los
solicitados si los consideraban necesarios.
De los profesionales consultados (27 médicos y 45 farmacéuticos), el 85% de
los médicos (27) y el 66% de los farmacéuticos (30) respondieron que los medicamentos
disponibles, eran o quizá podían ser útiles. El 30% de los médicos interrogados
no sabían que exámenes debían ser pedidos para iniciar el estudio de la incontinencia
creyendo que salvo la infección urinaria ningún otro parámetro pudiera tener
importancia en el tratamiento. Algunos de ellos relacionaron la IO con valores
anormales de la glucemia o de las cifras del colesterol en sangre.
Cuando se les preguntó si estaban de acuerdo en recomendar los ejercicios de
Kegel todos dijeron que sabían que era una recomendación de los parteros, pero
dudaban de sus resultados.
Ninguno de ellos sabía que existían tratamientos de electroestimulación perineal
ni conocían la existencia de prótesis vaginales.
Cuando se les preguntó acerca del rol de la cirugía, el 53% de los médicos y
el 10% de los farmacéuticos respondieron que eran procedimientos útiles aunque
de resultados alejados inciertos.
Cuando se les preguntó que pensaban del cateterismo intermitente limpio, la
gran mayoría de ellos ignoraban que este fuera un tratamiento para la IO (ya
que desconocían las diferentes formas clínicas de este padecimiento). Muchos
de ellos y en especial enfermeras generales, cuestionaron esta práctica creyéndola
fuente de mayor infección.
El 73% de los farmacéuticos y el 4% de los médicos generales, respondieron que
el manejo ideal del paciente añoso e incontinente es el uso de pañales o apósitos
absorbentes y el 5% estuvo de acuerdo en que la sonda en permanencia era el
tratamiento adecuado en el anciano postrado.
El 42% de los médicos y el 9% de los farmacéuticos estuvieron de acuerdo en
que el Cloruro de Oxibutinina era útil en los casos de IO acompañada con urgencia
mientras que el 34% de los médicos y el 4% de los farmacéuticos no dudaron
en afirmar que esta droga era también buena para tratar la incontinencia de
orina de esfuerzo.
El 67% de los médicos y el 1% de los farmacéuticos respondieron que la enuresis
era un problema exclusivo del psiquiatra y no supieron responder acerca de que
exámenes debían ser solicitados.
De acuerdo a estas respuestas resulta claro de que el tema de la incontinencia
debe ser transmitido a la población de estudiantes durante su curso del pregrado,
poniendo énfasis en enunciar los diferentes tipos de incontinencia y las conductas
de diagnóstico y tratamiento propuestas.
Los urólogos tenemos la obligación de ayudar a educar a otros profesionales
para que alcancen una mejor perspectiva de las alternativas de los tratamientos
disponibles.
Necesitamos comunicar tanto a los profesionales como a la población general
que la IO a pesar de ser considerada un síntoma banal, puede ser expresión de
una enfermedad de lenta evolución que puede llevar a la muerte (como sucede
en la incontinencia por desborde).
Es imperativo difundir que la IO adopta diferentes formas, que siempre deben
ser tratadas ya que muy frecuentemente pueden ser curadas y siempre podrán ser
mejor controladas.