EL CANCER DE LA PROSTATA (CaP)

SUB-INDICE
 
 

¿QUE SABE Ud. SOBRE EL CANCER DE LA PROSTATA (CaP)?

El CaP es un tumor maligno de la próstata.

Las características de los tumores malignos son: tener la capacidad de infiltrar a los tejidos vecinos, penetrar en la luz de los vasos y dar metástasis en otros órganos.

La próstata está compuesta por tejido epitelial que forma la parte glandular y el tejido intersticial que le brinda sostén y contiene los vasos y los nervios.

Todos los tejidos de la próstata tienen la posibilidad de desarrollar cáncer.

La gran mayoría de los CaP nacen de la transformación cancerosa de las células epiteliales de esta glándula.

El 95% de los CaP, tienen la propiedad de ser hormonodependientes, vale decir que ciertas hormonas pueden influenciar su crecimiento.

Sin la función testicular el CaP no aparece.

LA DEPENDENCIA HORMONAL DEL CANCER DE LA PROSTATA

La principal hormona comprometida en el crecimiento de la próstata es la testosterona (T) producida principalmente en los testículos (fig. 1).

FIG. 1
 
El desarrollo de la glándula prostática depende tanto de las hormonas masculinas (andrógenos) como de las femeninas (estrógenos).

La secreción de testosterona testicular depende de la gonadotrofina luteinizante (GLH), secretada por la hipófisis, cuando esta es influenciada por la hormona liberadora LHRH producida en el hipotálamo.

El 95% de la testosterona circulante la emiten las células de Leydig de los testículos.

Sólo un 5% de esta hormona se forma en las glándulas suprarrenales por la estimulación de la hormona adrenocorticotropa (ACTH) de la hipófisis.

Los estrógenos ( estrona y estradiol ) son producidos por las células de Sértoli del testículo y por la transformación de la androstenediona suprarrenal.

Los estrógenos actúan sobre las células del intersticio prostático facilitando la acción trófica de los andrógenos sobre las células glandulares de esta glándula.

Los estrógenos actúan también sobre la hipófisis inhibiendo la producción de LH, ejerciendo así una acción reguladora en el crecimiento y trofismo de la próstata.

El proceso de formación de la testosterona comienza con la liberación de "hormonas liberadoras" (LHRH) en el hipotálamo, las que a su vez están influenciadas por factores corticales y subcorticales del cerebro.

De acuerdo a estos mecanismos factores sensoriales y sensitivos pueden influenciar la producción de testosterona.

La prolactina, secretada por la hipófisis, está en relación con la función de las mamas en la mujer. En el hombre ejerce un efecto sinérgico con los andrógenos facilitando el crecimiento de la próstata.

La producción de FSH (hormona folículo estimulante) y la LH (hormona luteinizante) están sujetas a factores inhibitorios y facilitatorios.

La retroalimentación negativa, se hace sobre el hipotálamo y la hipófisis a través de la testosterona y el estradiol, dos hormonas producidas en los testículos.

La inhibina, es una sustancia producida por las células de Sértoli del testículo, que tiene la propiedad de inhibir la producción de la hormona folículoestimulante (FSH), que actúa sobre las células musculares y conjuntivas del intersticio prostático (1).

Los antiandrógenos y los estrógenos, son sustancias usadas en el tratamiento del CaP por su capacidad de bloquear la producción de testosterona (T) y de esa manera suprimir los estímulos de crecimiento sobre la próstata. Otros, como la hormona liberadora de la hormona luteinizante (LHRH) suprime su producción cuando la hipófisis es sobreestimulada con sustancias análogas a la LHRH.

Esta dependencia hormonal permite manipular la producción de testosterona en la intención de atenuar la reproducción de las células tumorales.

Por esa virtud, el CaP hormonodependiente, puede ser controlado en su progresión y desarrollo aunque desdichadamente esa dependencia puede perderse más tarde y la reproducción celular anómala consigue liberarse nuevamente sin control.

El 95% de los CaP son hormonodependientes, cualidad que muchos de ellos mantienen durante toda la vida del paciente pero otros la pierden rápidamente.

La secreción de la testosterona testicular se puede suprimir extirpando los testículos o interrumpiendo en algún punto el proceso de su formación.

La reducción de la testosterona induce a la degeneración, atrofia, y muerte de las células hormonodependientes de la próstata.

La muerte programada de estas células blanco (apoptosis), sugiere de que en este proceso es posible que se generen sustancias o nuevas familias celulares, que actuando como moduladores específicos del crecimeinto celular anómalo, pudieran ejercer una acción inhibidora sobre el tumor y sus metástasis (2).

Este fenómeno de inhibición sobre la reproducción celular desordenada, puede ser eludido si las células involucradas mutan el gen que determina el receptor hormonal disponible para captar la testosterona, o la acción de los programadores de la inhibición celular no se produzcan en la cantidad y/o calidad necesaria.

Ya que la evolución del CaP es relativamente lenta, la hormonodependencia puede ser más perdurable que lo esperado, lo que facilita el control de la enfermedad aún en los casos avanzados (2-3).


FRECUENCIA DEL CANCER DE LA PROSTATA

La real frecuencia de CaP es difícil de establecer.

Las cifras varían según la edad, la raza, el área geográfica considerada y los antecedentes genéticos de cada individuo.

Cerca del 10% de las autopsias de varones de más de 50 años, sin ningún antecedente de cáncer, han mostrado tener focos de CaP. Este porcentaje se eleva al 70% cuando se considera una población de 80 años o más.

A medida que el varón envejece la posibilidad de tener CaP se incrementa.

La posibilidad de tenerlo es mínima en aquellos que no han superado los 40 años, pero pasada esa edad, un 20% de los varones con testículos funcionantes, corre ese riesgo.

Los varones de raza negra tienden a padecer adenocarcinoma de la próstata a edades mas tempranas, con estadios más avanzados y mayor mortalidad que los de raza blanca. Por el contrario, los americanos nativos, los orientales que viven en América y los sudamericanos, tienen una menor frecuencia de CaP que los europeos y los africanos. (3-4).


LOS SINTOMAS DEL CANCER DE LA PROSTATA


El 43% de los pacientes de más de 65 años que sin síntomas anteriores sufren una retención aguda de orina y el 7O% de los que tienen síntomas irritativos de ardor e imperiosidad, tienen la posibilidad de tener un CaP (3-4-5).

Existen tumores que se ponen de manifiesto por las metástasis antes que la enfermedad se manifieste por síntomas urinarios.

Por meses o años, el CaP puede no dar ningún síntoma.

Este hecho ha llevado a afirmar, que "el primer síntoma de CaP es el de haber cumplido 50 años"...

Por lo general el diagnóstico se hace en los que han sobrepasado los 50 años de edad, cuando la enfermedad comienza a dar síntomas irritativos que molestan al paciente y lo obligan a la consulta.

En 10 de cada cien varones de más de cuarenta años, la sospecha de CaP surge a través de una consulta médica en la que se ha incluido un exámen de la próstata por tacto rectal y un dosaje en sangre del antígeno prostático específico (PSA) (6).

En un tercio de los enfermos, los síntomas iniciales son tenues, están ausentes o son subestimados por ellos. Ocasionalmente a éste lo apremian otras molestias más llamativas, como una fractura ósea sin motivo evidente, un dolor lumbar o dorsal persistente, la aparición de un decaimiento general, inapetencia o la necesidad de orinar en forma imperiosa de aparición reciente.

Un 10% de los CaP son encontrados en forma fortuita, en una pieza de biopsia o en los trozos de una operación sobre la próstata hecha por una enfermedad "benigna".

De ellos, un 25%, muere por CaP antes de los cinco años y cerca de la mitad, pueden cursar con una espectativa normal de vida, cercana a la esperada para la edad.

Pasados los 60 años, los síntomas referidos a la próstata afecta a la mayoría de los hombres, pero recién cuando alcanzan cierta intensidad y persistencia, los pacientes consultan al médico.

Por diversas razones, el 83 % de los médicos generales, no hacen un tacto rectal, limitando su examen a una palpación del abdomen y a solicitar análisis convencionales en el que fortuitamente incluyen un dosaje del PSA. En este examen sólo tienen en cuenta el valor de "normalidad" de 4 ng/ml. y cuando la cifra es menor, descartan con ligereza y erróneamente la existencia de un CaP.

Cerca del 20% de los pacientes con CaP tienen valores del PSA por debajo de los considerados "normales" y en consecuencia no son derivados al urólogo hasta que los síntomas se resisten a todo tratamiento sintomático y obligan a la interconsulta con un especialista (5-6-7).

Los síntomas urinarios son prácticamente indistinguibles del ocasionado por la hipertrofia benigna de la próstata (HPB) o de la prostatitis crónica; sin embargo, mientras que en el adenoma y la prostatitis crónica, son de comienzo lento y duran años, en el CaP, pueden manifestarse y evolucionar en semanas o meses.

Los síntomas iniciales de la enfermedad, pueden ser de escasa intensidad, pasar por un tiempo inadvertidos, no investigados u ocultados por el paciente.

Habitualmente la entrevista del enfermo con su médico, se demora por razones banales o el paciente la evita, porque "seguramente le harán un tacto rectal .... será el inicio de estudios costosos... o quizá termine en algún procedimiento invasivo, doloroso o en una operación quirúrgica..."

En los más jóvenes, entre los 40 y 60 años, los síntomas son más evidentes, recurrentes y persistentes a los tratamientos sintomáticos.

Todo hombre de más de 40 años, debe saber que a partir de esa edad, comienza el riesgo de padecer un cáncer de la próstata.

Incluso pueden tenerlo aquellos con un tacto rectal aparentemente "normal" y con valores del PSA por debajo de las cifras consideradas "normales".

La mayor posibilidad la tienen aquellos con antecedentes de parientes cercanos y geneticamente relacionados, que lo hayan padecido (3-4-5-6-7-8-9).


ETIOLOGIA DEL CANCER DE LA PROSTATA

Como otras formas de cáncer, la real etiología del Cap no se conoce exactamente.

Es posible, que sobre estructuras genéticas predispuestas, (celulares y humorales) asociadas a alteraciones de factores de crecimiento celular, factores inflamatorios, infecciosos, hormonales o mixtos, se produzca un efecto determinante que impulse una reproducción celular desordenada e invasiva de las células sensibilizadas.

Existe escasa relación entre el cáncer de la próstata y las enfermedades de contaminación sexual, los niveles en sangre de Cadmio y Zinc, o la ingesta abundante de grasas.

No ha sido comprobado que la prostatitis o el adenoma de la próstata (que pueden estar asociadas con él) sean factores facilitadores de la aparición de un cáncer en la próstata.

El CaP aparece con más frecuencia en los hijos y consanguíneos de los que lo han tenido.

La posibilidad de desarrollar aumenta cuatro veces en los hermanos del que ha padecido CaP después de los 70 años. No se puede afirmar definitivamente si esta relación tiene en forma definitiva una razón genética o es el resultado de influencias, dietéticas y ambientales similares.

Aunque es difícil asegurar cuales son los factores predisponentes más frecuentes, es evidente que los parientes consanguíneos y cercanos de un portador de CaP, deben seguir un más cerrado plan de control periódico después de haber cumplido cuarenta años (3-4-5-6-7-8-9).


EL DIAGNOSTICO DEL CANCER DE LA PROSTATA

El diagnóstico del CaP pasa por tres etapas fundamentales:

1- orientación.
2 - presunción.
3 - certeza.

             
1- El diagnóstico de orientación se basa en el análisis de los factores de riesgo y el examen físico de la próstata con el tacto rectal.

    a) Los factores de riesgo del cáncer de la próstata son:

        1-Tener parientes cercanos, abuelo, padre o hermano, con CaP.
        2-Tener más de cuarenta años de edad.

    b) El principal aporte del examen físico es el tacto rectal.

La mayoría de los CaP comienzan en la zona periférica de la glándula.

Si el tumor está ubicado en la cara dorsal o en los bordes de la glándula podrá ser palpado a través del recto. Pero si se ubica en la región central o anterior es posible que el tumor no pueda ser palpado.(fig. 2).
FIG. 2
 
El tacto rectal (TR):

Encontrar un nódulo palpable en la próstata de un varón de más de 40 años, obliga a iniciar un plan de estudios para conocer su real naturaleza: ¿ proceso inflamatorio ?, ¿ tumor benigno ?, ¿tumor maligno?.

La frecuente localización en la "cápsula" de la próstata, hace posible que el CaP, pueda aparecer también en aquellos que ya han sido operados de la próstata por un tumor benigno (adenoma de la próstata o HBP) ya que en esa operación no se extirpa la cápsula de la glándula.

Todo paciente sometido a una adenomiomectomía por HBP tiene un 10% de posibilidad de tener más adelante un CaP.

La adenomiomectomía, cualquiera sea el procedimiento que se haya usado para ejecutarla, no hace en manera alguna, profilaxis de un CaP.

El TR es un examen muy poco costoso, relativamente sencillo y si lo ejecuta un médico capaz de reconocer una glándula irregular y/o aumentada de consistencia, puede ser de valor para un diagnóstico de "próstata anormal" y en ese caso el profesional pedirá seguramente una interconsulta con un especialista.

2- El diagnóstico de presunción del CaP aporta datos que permiten sospechar, la existencia de un cáncer de la próstata que justifiquen la biopsia para certificarlo.

Los parámetros de presunción diagnóstica del cáncer de la próstata son:
1) El dosaje de los marcadores biológicos en el suero.
2) Los datos de la ecografía prostática transrectal.
3) La centellografía ósea de cuerpo entero.
 
LOS MARCADORES BIOLOGICOS DEL CANCER DE LA PROSTATA

Los marcadores biológicos son sustancias que permiten presumir la existencia de un cáncer en la próstata.

a) La Fosfatasa ácida prostática usada por mucho tiempo como un indicador de sospecha de la existencia de un CaP, ha dejado lugar al Antígeno Prostático Específico (PSA) de mayor sensibilidad y especificidad (6-7-8).

b) El Antígeno prostático específico (PSA)
Las células glandulares de la próstata producen esta sustancia que normalmente se elimina con el semen y puede ser detectada en la circulación sanguínea en muy pequeñas cantidades cuando la próstata está enferma.

Se ha aceptado, que si aparece en suero, su tasa no debe superar la cantidad de 2 ng/ml. (valor de corte) cifra mucho menor de la que aparece normalmente en el semen (2 mg/ml.).

En el CaP, el PSA se eleva y ese dato permite presumir la existencia de un CaP aunque no lo certifica en absoluto (6-7-8-9).

El PSA se eleva también en el adenoma de la próstata (HBP) y en la prostatitis.

A medida que el varón envejece, el PSA aumenta, pero ese incremento no debe hacerlo más que en 0,75 ng\ml. por año.

Valores del PSA entre 4 y 10 ng\ml. en suero ha sido considerados valores de sospecha que inducían a realizar una biopsia de la próstata.

Este concepto ha variado. Se ha comprobado que valores entre 2 y 4 ng/ml. tienen cerca del 15% de posibilidades de acompañarse de un CaP aún con un tacto rectal no sospechoso (6-7-8-9).

Se ha intentado encontrar una cifra límite de PSA ( punto de corte) para fijar un nivel que indique la necesidad de una biopsia que certifique el diagnóstico.

De esta forma se puede evitar una biopsia en casos en los que no es necesaria y no omitirla en aquellos en los que pudiera parecer evitable.

Esta intención está entorpecida por factores no cancerosos capaces de elevar el PSA por encima de 4 ng/ml. como la HPB y la prostatitis.

c) Los marcadores "de ayuda"
La investigación ha mostrado la existencia de varias formas moleculares del PSA y esto ha servido para encontrar formas más sensibles y específicas para el CaP que la forma global de PSA considerada hasta ahora.

Diferentes formas moleculares del PSA (7-8-9).
El PSA es una glicoproteina producida por las células epiteliales de la próstata y en las glándulas periuretrales.

La proveniente de las glándulas periuretrales (más cercanas a la uretra) se vuelca en la orina y no pasa a la sangre.

La mayoría del PSA producido por las células glandulares de la próstata pasan al esperma en una cantidad entre 0.5 a 5 mg/ml., mientras que su paso a la sangre no es detectable o se hace en cantidades tan bajas como 0 a 2 ng\ml.

Al pasar a la sangre el PSA circula en parte libre (PSAL) y en parte unido a diferentes complejos proteicos inhibidores de las proteasas que están unidas a esa estructura como la alfa 1 - anti-quimotripsina (PSA-ACT) y la alfa 2 macroglobulina (PSA-A2M).

Ha sido comprobado que el porcentaje del PSAL circulante con respecto al PSAT detectado, desciende a medida que la posibilidad de CaP aumenta.

Esto ocurre en forma independiente del tamaño y estado inflamatorio de la próstata.

Del análisis retrospectivo de esta conducta, se pudo concluir que muchas de las biopsias de las próstatas sospechosas de CaP con un PSA superior a 4 ng\ml., tendrían biopsias negativas para CaP y otras con PSA entre 2 y 4 ng\ml. y tacto rectal no sospechoso, pudieran tener cáncer, sorteando la oportunidad de un diagnóstico precoz y un tratamiento más eficaz.

Se considera que el PSA y sus diferentes formas moleculares, superan sin reemplazar los datos recogidos con el tacto rectal o la ecografia transrectal, parámetros mejor destinados para evaluar otras características del tumor, como la progresión y la extensión del mismo.

La Federación Argentina de Urología ha difundido la relación que puede tener los valores del PSA libre con respecto al PSA total que indican la posibilidad de que el paciente tenga un CaP a despecho de lo encontrado en un tacto rectal.

De acuerdo a estas conclusiones los valores bajos de PSAL advierten la posibilidad de un CaP ( cuadro I).
CUADRO I
PSA TOTAL
ng. / ml.
Probabilidad
de CaP
% de PSA LIBRE
Probabilidad
de CaP
0 a 2
1 %
0 al 10 %
56 %
2 a 4
15 %
10 al 15 %
28 %
4 a 10
25 %
15 al 20 %
20 %
> de 10
> de 50 %
20 al 25 %
16 %
   
> al 25 %
8 %
 
El PSA libre (PSAL) es un marcador que aparece proporcionalmente más elevado en el adenoma de la próstata en relación al PSAT que también lo puede estar pero en menor proporción.

El valor de corte del PSAL de 0.5 ng\ml. considerado "normal" es insuficiente ya que señala valores absolutos y no relativos que son los que tienen valor de decisión.

El PSAL se excreta en mayor proporción en los procesos no cancerosos que en los cancerosos y no está relacionado con el volúmen prostático como lo está la tasa del PSAT.

El PSAT aumenta cuando la próstata se inflama o crece por un tumor tanto benigno como maligno.

Una pequeña próstata cancerosa puede tener cifras iguales de PSAL que un adenoma voluminoso, o una prostatitis aguda. Sin embargo en el CaP la proporción de PSAL/PSAT en suero es mucho menor.

En la HBP, las cifras del PSAL están proporcionalmente más elevadas de lo que lo hace el PSAT y en esta condición, con valores de PSAT entre 4 y 10 ng\ml. la biopsia prostática no está justificada. En esos casos esos datos deben ser chequeados mensualmente para analizar su evolución aún si el tacto rectal no muestra zonas sospechosas y el coeficiente entre PSAL y PSAT es superior a 0.16.

Pero si ese porcentaje es igual o menor de 0.10 o 0.16, la biopsia prostática debe se realizada ya que en esa condición la posibilidad de existencia de un CaP se eleva al 95%.

Estas determinaciones permiten reducir en un 20% el número de biopsias cuando el valor del PSA está en valores entre 4 a 10 ng\ml. y el tacto rectal es "inocente".

Cuando el PSAT está por arriba de 10 mg\ml. es muy posible que haya un CaP, el tumor se haya extendido por fuera de la cápsula perdiendo la característica de ser un tumor confinado y ya haya dado metástasis.

Se ha considerado de que si el PSAT es menor de 10 ng\ml. la posibilidad de metástasis óseas es baja y si el enfermo no tiene dolores óseos, no es necesario pedir un centellograma radioisotópico de los huesos para confirmarlas (8).

Si existen síntomas irritativos en un varón de más de 40 años no relacionados con infección, prostatitis o cáncer de vejiga, debe ser solicitado un dosaje de PSAT y PSAL aunque el tacto rectal no sea sospechoso de CaP.

Si se tacta un nódulo en la próstata, una semana después se debe pedir un dosaje PSAL y PSAT. Si porcentaje del PASL/PSAT es inferior al 16 % debe solicitarse una ecografía transrectal y una biopsia randomizada de la próstata.

En conclusión, se considera que el dosaje del PSAT por si sólo es muy útil en el control y seguimiento de la enfermedad, pero aún con bajos valores no es un método para descartar la existencia del CaP.

En cifras por debajo de 4 ng\ml. de PSA la existencia de CaP no puede ser descartada aún con un tacto rectal normal.

Si las células cancerosas son muy inmaduras, el PSAT también puede ser normal o más bajo de lo normal.

Si la próstata es grande por un HBP o está inflamada por una prostatitis, el valor absoluto del PSAT puede estar elevado y en la misma proporción el PSAL.

Pero si la elevación del PSAT es proporcionalmente mayor que el PSAL la posibilidad de existencia de un CaP aumenta.

Aunque el tacto rectal sea patológico y el valor del PSA sea mayor de 4 ng\ml. eso no asegura la existencia de un CaP.

Estos parámetros, sólo permiten presumir pero no certificar, la existencia de un CaP.

Si la tasa del PSAT está por encima de 13 ng/ml. y ese valor se eleva mensualmente en tres meses, la existencia de un CaP es muy posible y la biopsia debe ser indicada sin tardanza.

Si el CaP se encuentra sólo limitado a la próstata, el PSAT puede estar elevado sólo en el 66% de los pacientes, pero si se ha extendido fuera de su cápsula es posible que ya haya dado metástasis en el 88% de los casos y la posibilidad de cura radical sea menos probable (6-7).

Si el PSA total se eleva por encima de 13 ng/ml. y el diagnóstico de CaP se ha confirmado por biopsia, es muy probable que el tumor ya haya sobrepasado los límites de la glándula y ya haya dado metástasis óseas (detectables o no).

Todos los pacientes con biopsias positivas y que hayan sido tratados en forma radical (cirugía o radiaciones) y que mantengan cifras superiores a los 4 ng/ml. de PSAT, son sospechosos de tener una recurrencia o persistencia de su enfermedad.

Sin embargo los valores bajos o indetectables de PSA, no son garantía de que no exista cáncer o de que una recaida tumoral no ocurra (7).

Otros marcadores en investigación
Entre los nuevos marcadores en fase de investigación clínica se encuentra el N-telepéptido que sería útil para monitorear humoralmente la existencia de metástasis óseas y la H2 Kalicreina (H2K) cuyo valor debe ser analizado en relación al PSAL cuando las cifras del PSAL\PSAT no fueran categóricas para indicar una biopsia.

El cociente H2K/PSAL inferior a 0.25 sería sugestivo de un proceso adenomatoso y no canceroso de la próstata (7).

Protocolo de diagnóstico presuntivo del CaP
En el proyecto de un diagnóstico precoz de CaP se han propuesto protocolos de seguimiento de los pacientes de más de cuarenta años con antecedentes familiares de riesgo con o sin síntomas y con una espectativa de vida superior a los diez años. (cuadro II).

Estos protocolos se han hecho en la idea de seleccionar aquellos que deben ser sometidos a la biopsia certificadora (7).

Algunas de sus conclusiones son:

* Si el tacto rectal es "normal" y el PSA es menor de 2 ng\ml. el paciente con factores de riesgo, debe continuar    con un control durante cada año, en el que el PSA no debe elevarse mas de 0.75 ng\ml. por año.
* Si el tacto rectal es "normal" y el PSA está entre 2 y 10 ng/ml. y los factores de riesgo lo justifican, debe pedirse    un PSAL para calcular el porcentaje en relación al PSAT.
* Si el coeficiente PSAL\PSAT es igual o inferior al 15% se debe solicitar una biopsia randomizada o en sextantes    de la próstata, con posibilidad de encontrar un CaP en el 10% de los casos.
* Si el coeficiente es mayor al 15%, el paciente puede seguir un plan de control anual.
CUADRO II
 
La densidad del PSA (PSAD)
Antes del advenimiento de estos conocimientos y ya que el tamaño de la próstata puede modificar los valores del PSA, se consideraba que la densidad del PSA (PSAD) sería capaz de dar una mejor información que el de la Tasa del PSA sólo.

El PSAD se calcula dividiendo los valores del PSA en suero por el peso de la próstata en gramos (calculado por ecografía transrectal).

Valores del PSA por encima de 13 ng/ml. son sugestivos de CaP pero cifras mayores, pueden aparecer también en próstatas adenomatosas sin cáncer o inflamadas que superen los 100 gr.

Esto es debido a que la inflamación y las células cancerosas vuelcan mayor cantidad de PSA al suero que las células no cancerosas que eliminan electivamente PSAL.

Cada gramo de tejido canceroso emite 3.5 ng/ml. de PSA, mientras que por cada gramo de tejido no canceroso la cantidad de PSA es diez veces menor ( 0.3 ng/ml/gr. ) (6).

De esta manera, pacientes con próstatas pequeñas y PSA no elevado por encima de 4 ng\ml. pueden tener igual posibilidad de CaP con próstatas de mayor volúmen y con un PSAL proporcionalmente más descendido que pudiera estar indicando un CaP.

Aunque el PSAD tiene cada vez menos solvencia en favor del cociente PSAL/PSAT para valores del PSA entre 2.1 y 10 ng/ml. es un parámetro que admite cierta consideración ya que tiene factores de error para su correcta interpretación.

Se ha aceptado que el PSAD de los portadores de CaP, es más elevado que en los que no tienen cáncer.

Para los primeros el promedio ha sido establecido en cifras de PSA de alrededor de 0.581 ng/m/gr. y para los segundos de 0.044 ng/ml/gr. (8).

Se ha determinado de que si el PSAD se eleva por encima de 0.12 ng/ml/gr., existe un 97% de posibilidad de existencia de CaP.

Esta determinación adquiere importancia cuando el dosaje de PSAL no es accesible por circunstancias ambientales.

La fosfatasa ácida prostática
Las fosfatasas ácidas son un grupo de enzimas presentes en la mayoría de los tejidos humanos: glóbulos blancos, hígado, bazo, riñones, pulmones, cerebro, músculos y próstata en la que puede ser detectada como fosfatasa ácida total.

Las células glandulares de la próstata, producen fosfatasa ácida que se elimina con el semen.

En condiciones normales, una pequeña cantidad pasa a la sangre donde puede ser detectada y medida como fosfatasa ácida próstática (FAP).

Muchas enfermedades de la próstata pueden hacer elevar la FAP entre ellas la hiperplasia benigna, la prostatitis, el infarto prostático y el cáncer.

La especificidad y la sensibilidad de la FAP es baja para la detección del CaP y por esa razón este parámetro ha perdido solvencia.

Sólo la tercera parte de los CaP ubicados dentro de los límites de la próstata (estadío A) pueden dar cifras elevadas de FAP.

Pero si el tumor sobrepasa esos límites, (estadío B) esa elevación se manifiesta en el 79% de los casos.

Si el tumor ya ha dado metástasis en los huesos (estadío D), la FAP se eleva en el 92% de los casos.

Por su mayor especificidad y sensibilidad, el dosaje del PSA ha superado a la información que puede dar la FAP.

Si el PSA no supera los 10 ng/ml. la posibilidad de que el tumor se haya extendido más allá de la cápsula prostática, es poco probable y el dosaje de la FAP no se justifica.

Muchos CaP evolucionan por mucho tiempo con cifras normales de FAP (6).




LA ECOGRAFIA PROSTATICA TRANSRECTAL EN EL DIAGNOSTICO DEL CANCER DE LA PROSTATA (EPTR)


Si el tacto rectal comprueba un nódulo en la próstata, y existen factores de riesgo de CaP en un paciente de más de 40 años con un pronóstico de vida mayor de más de 10 años, debe pedirse sin demora una ecografía transrectal y biopsia dirigida aún cuando los síntomas sean banales o no existan.

El mismo criterio se debe seguir aún cuando el tacto rectal sea normal, pero el PSA supere los 10 ng/ml. o el cociente PSAL/PSAT sea igual o inferior a 0.15.

La EPTR hecha con un traductor transrectal, por un ecografista experimentado y con equipos apropiados, es capaz de detectar imágenes anormales de la glándula, analizar el contorno que la rodea, estudiar su vascularización y de informar si existe algún compromiso de las vesículas seminales.

Este es un estudio imaginológico y no histológico y de esta manera debe ser considerado un procedimiento que mide, analiza, localiza y guía a la punción biopsia que es el único procedimiento capaz de certificar la existencia de un cáncer en la glándula.


LA CENTELLOGRAFIA OSEA EN EL DIAGNOSTICO DEL CANCER DE LA PROSTATA


La centellografía ósea de cuerpo entero permite documentar si existen áreas de captación anormal en los huesos. Cuando el CaP se ha diseminado, es posible que haga metástasis óseas detectables en un centellograma óseo.

La existencia de áreas de hipercaptación del radiofármaco en los huesos no es específica del CaP sino que sólo determina áreas hipervascularizadas como lo pueden hacer también las lesiones postraumaticas, las antiguas fracturas y el reumatismo.

Las áreas compatibles con metástasis de un CaP aparecen en forma asimétrica en parte de una o varias vertebras, costillas o huesos de la cadera (con o sin dolor).

Pueden ser encontradas en forma fortuita, por dolores articulares, lumbalgias, o fracturas patológicas y en esas condiciones, el tacto rectal, el dosaje de los marcadores biológicos y la ulterior biopsia de la próstata (y eventualmente el hueso) podrán aclarar la etiologia de esas imágenes.

Habitualmente las lesiones estan ubicadas en una o varias vértebras, costillas, sacro, ileon u huesos largos.
Frecuentemente las metástasis óseas retroceden o se atenúan en base a un tratamiento hormonal exitoso.


EL DIAGNOSTICO DE CERTEZA DEL CANCER DE LA PROSTATA


El diagnóstico de certeza sólo se alcanza a través del examen anátomo patológico de los tejidos prostáticos.

La muestra puede recogerse a través de una punción perineal percutánea, transrectal o ser provista por los trozos de una resección endoscópica (RTU) de una adenomiomectomía.

La RTU puede ignorar sectores de la glándula periféricos ubicados en la cápsula, sitios en los que es más frecuente el desarrollo de un cáncer.

Asegurar la ausencia de células cancerosas en los "schips" de una resección, involucra una conducta incierta si se han elegido algunos inocentes, mientras que otros descartados no lo son asi.

La punción biopsia guiada con ecografía transrectal permite seleccionar diferentes áreas de la glándula y documentar la invasión de los deferentes y los espacios perineurales.

La punción biopsia de la próstata no es inocua.

Aunque puede hacerse con anestesia local (o sin ella) debe monitorearse previamente el estado de la coagulación sanguínea, la infección urinaria y la glucemia, parámetros que si estan alterados deben ser corregidos previamente a todo intento biópsico.

Se han descripto hematurias y procesos sépticos importantes.

Su indicación debe estar justificada por los antecedentes clínicos, los hallazgos del tacto rectal, el dosaje de PSAL/PSAT y la EPTR.

Si el tacto rectal ha detectado un nódulo sospechoso y el PSA es normal, la punción biopsia de la próstata puede estar indicada aún si la ecografia transrectal fuere poco significativa y los valores del PSA estén por debajo de 4 ng\ml.

Esto es especialmente válido si se trata de personas de más de 40 años y antecedentes de CaP en familiares directos.

Otro criterio es evaluar periódicamente el PSA y si se eleva en forma progresiva, recién indicar la biopsia.

La biopsia es el único procedimiento que permite la certificación diagnóstica.

Si el tacto rectal no es patológico y la punción biopsia queda supeditada sólo a elevaciones discretas del PSA y/o a imágenes sospechosas de la EPTR, es aconsejable antes de realizarla, repetir esa determinación mensualmente durante tres a cuatro meses para analizar su evolución.

Si el CaP es muy indiferenciado, aún voluminoso, los valores del PSA pueden no estar elevados y ser tan bajo como menos de 1 ng/ml. ya que esa inmadurez hace que las células que lo forman estén pobremente calificadas para producirlo.

Si el nódulo es muy pequeño (< 5mm.), esta posibilidad se acrecienta. En ausencia de un nódulo palpable, con PSA elevado y ecografía patológica, se debe proponer una punción biopsia de la próstata orientada al área sospechosa.

Las imágenes ecográficas más sugestivas de cáncer, son las de tipo hipoecogénico (81%), pero existen hiper y normoecogénicas, de tal manera que cuando la EPTR no sea significativa, el tacto rectal no sea patológico y el PSA esté elevado, la punción biopsia está indicada en forma randomizada extrayendo tejido prostático de áreas elejidas al azar en seis a diez sectores diferentes (7).


LA ANATOMIA PATOLOGICA DEL CANCER DE LA PROSTATA

El CaP adopta tres grados principales de alteración celular: diferenciado, semidiferenciado e indiferenciado. mayor indiferenciación, peor pronóstico (6).

Habitualmente, las anormalidades de las células no están uniformemente distribuidas, y distintos tipos celulares pueden ser observados en diferentes áreas del mismo taco de biopsia.

Una forma de unificar un criterio de clasificación es aplicar el concepto de Gleason y Mellinger (8).

La idea se basa en que en el CaP existen por lo menos dos patrones celulares diferentes, uno dominante y otro menos frecuente.

De acuerdo al grado de diferenciación celular y el estado del estroma, se agrupan en cinco tipos diferentes, numerados del 1 al 5.

El Score de Gleason
Al considerar dos tipos fundamentales en cada caso, Gleason le asigna el primer número al grado celular predominante y el segundo al menos conspícuo.

De esa manera a un determinado tumor se le dará el número 7 si el patrón dominante es el 2 (bien diferenciado) y el 5 ( más indiferenciado ), es el menos frecuente ( 2 + 5 = 7 ). A este número 7 se lo denomina Score de Gleason.

Se considera que los scores entre 2 y 4 tienen muy escasa posibilidad de tener diseminación a los ganglios linfáticos, mientras que los correspondientes entre 8 y 10 la tienen seguramente (98%) (9).

La neoplasia intraepitelial (PIN)
Existen controversias en considerar si ciertas anomalías o displasias celulares pueden o no considerarse verdaderos cánceres o sólo son malformaciones celulares sin agresividad cancerosa.

Estas entidades se agrupan en tres tipos desde las menos anómalas a las que lo son más: PIN I, II y III. Frecuentemente coexisten con CaP verdadero, pero en ocasiones eso no ocurre y el proceso transcurre en el tiempo sin otras modificaciones.

Esto es posible en los tipos I y II. Pero el PIN III aunque no es un CaP definido tiene más posibilidad de asociarse o transformarse en un cáncer (80%). Si sólo se detecta un PIN III y no se han encontrado células cancerosas en la biopsia realizada, ésta debe ser repetida si el PSA está elevado por encima de 4 ng/ml. o el coeficiente PSL\PSAT es igual o inferior a 0.15. Ya que la HBP y las prostatitis pueden elevar el PSA, el dosaje será repetido luego de tratamientos antiinfecciosos y/o antiinflamatorios no hormonales, que puedan modificar sus valores.

Si las nuevas biopsias siguen mostrando el mismo cuadro, el paciente debe ser reevaluado cada tres a cuatro meses con tasas de PSAT y PSAL y si éstas continúan en el área de duda debe repetirse la biopsia en forma randomizada en diez zonas.

Esta conducta es válida en enfermos con nódulo palpable y cuya espectativa de vida normal supere los 10 años.


TRATAMIENTO DEL CANCER DE LA PROSTATA


No existe un único tratamiento para el CaP, sino que existen diferentes pautas que deben ajustarse a cada caso en particular. La elección depende de los factores de riesgo, la edad del enfermo, de la progresión de la enfermedad, la intensidad de los síntomas y de la elección del paciente, luego de que este es informado del estado de su enfermedad, las posibilidades de cura y de las indicaciones y complicaciones que cada tratamiento implica (10-11-12-13).

Uno de los criterios de tratamiento es el basado en el estadío de progresión de la enfermedad y básicamente en las condiciones del paciente.

a)Tratamiento según la progresión de la enfermedad:
Si el tumor sólo está limitado a una pequeña área dentro de la glándula, se considera que está en un estadio A (o T1).
En esta etapa es posible que no sea tactado a través del recto.
La curación definitiva es posible.
Si se ubica dentro de los límites de la glándula pero es suficientemente voluminoso como para ser tactado a través del recto, se dice que es un estadio B ( o T2).
En este estadio la cura radical también es posible.
Si el tumor excede los límites de la glándula e invade los tejidos vecinos, se los clasifica como estadio C (o T3).
En esta condición los datos de la EPTR y la centellografía ósea de cuerpo entero son importantes para el diagnóstico.
El control de la enfermedad en este estadío es posible pero la cura radical es poco probable.
Si pueden ser demostradas siembras metastásicas alejadas se lo clasifica como estadio D.
Los valores elevados de la FAP, la centellografía ósea de cuerpo entero, la TAC y las biopsias óseas y ganglionares son parámetros determinantes para el diagnóstico de este estadío.
En esta etapa la cura radical no es posible y el control de la enfermedad es más difícil.
 
b) Tratamiento según las condiciones del paciente:

La edad, la espectativa natural de vida, el grado de compromiso clínico general, el control de los síntomas y la elección del enfermo ayudan a la elección del tratamiento.


ELECCION DEL TRATAMIENTO DEL CANCER DE LA PROSTATA

En ausencia de testículos, la próstata no se desarrolla y no es capaz de formar tumores.

En 1876, se observó, que la castración en animales producía atrofia de la próstata y de las vesículas seminales.

En 1895 se comprobó que el 85% de los ancianos que tenían dificultad para orinar, mejoraban luego de que se les extirpaba los testículos.

Para que la próstata del niño crezca, es necesario que haya testículos, que estos produzcan testosterona (T) y que ésta pueda ser transformada en la Dihidrotestosterona (DHT).

Esta hormona, unida a receptores específicos ubicados en las membranas celulares pone en marcha estímulos que actúan sobre el núcleo de las células glandulares de la próstata las que en un determinado momento, en combinación con elementos cancerígenos (o en ausencia de factores de control del crecimiento celular), facilitan el proceso de reproducción celular sin control y con carácter agresivo para los tejidos que las rodean.

Gran parte de los tratamientos del CaP se basan en la capacidad de suprimir la propiedad de la testosterona para estimular la reproducción celular.

La actividad androgénica se puede disminuir actuando sobre el hipotálamo, sobre la hipófisis, sobre los testículos y/o bloqueando la receptividad de las células de la próstata a esta hormona o sus derivados (Fig. 3).

Ya que el 80 % de los cánceres de la próstata son hormonodependientes, esta propiedad posibilita el control de estos tumores en esa misma proporción.
FIG. 3
 
Esto se consigue a través de ciertas hormonas, medicamentos o cirugía.
Los tumores que responden bien a la reducción de la T tienen mejor pronóstico que aquellos que no lo hacen.


TRATAMIENTO DE LOS CANCERES DE LA PROSTATA HORMONODEPENDIENTES

Ciertas hormonas propenden a disminuir la T circulante.

Un punto de controversia es decidir cuál de ellas es la mejor y cuando es el mejor momento para iniciar un tratamiento de este tipo.

Muchos pacientes pueden permanecer sin tratamiento y sin síntomas importantes durante períodos prolongados de tiempo a pesar de tener un tumor extendido mas allá de la cápsula.

La evidencia de que el tratamiento precoz en el CaP avanzado es superior a la observación sin tratamiento es controvertida y en ocasiones es conflictiva (20).

Los pacientes entre 40 y 65 años con tumores extendidos y de alto grado de malignidad, aún con síntomas discretos, deben ser tratados en forma precoz, mientras los de mayor edad, pueden ser seguidos con control espectante hasta que tengan síntomas.

Aquellos con cifras rápidamente crecientes de PSA deben ser tratados de inmediato porque los síntomas se agravarán también rápidamente.

El tratamiento hormonal es la terapia de elección en los pacientes con enfermedad diseminada y en ese sentido debe ser considerado un tratamiento paliativo.

En ellos se obtiene un 85% de respuestas objetivas favorables. Sin embargo no se ha comprobado todavía que estos beneficios signifiquen una mayor supervivencia más allá de los diez años.

La calidad de respuesta a los tratamientos paliativos son imprevisibles: el 10% viven más de 10 años, el 10% viven menos de 6 meses y el 50% menos de 3 años (15).

El tiempo de respuesta favorable, depende más del grado de diferenciación de las células que de la extensión tumoral alcanzada.

Responden mejor los tumores formados por células poco diferenciadas, que los formados por células muy indiferenciadas.

Con el correr del tiempo, aunque el valor de la T sea bajo, similar al de los pacientes castrados, por motivos aún en controversia, el tumor hormonodependiente abandona esa propiedad y prosigue su crecimiento anárquico desentendiéndose de toda manipulación hormonal (17-18).

Llamativamente en algunos pacientes el tratamiento hormonal produce una normalización rápida de los parámetros biológicos que perduran más allá de los seis meses de interrumpido el tratamiento.

Esto induce a pensar que el cáncer se ha curado, tanto más cuando las punciones randomizadas de la próstata puede ser negativas para células cancerosas !!!!!.

En esta circunstancia, que puede permanecer mucho tiempo, es posible teorizar que el bloqueo androgénico completo (o la castración) ha provocado un proceso de apotosis celular que ha inducido a la formación de anticuerpos específicos o ha surgido un grupo celular de control del crecimiento anómalo que controlarían el crecimiento anárquico de las células tumorales.

Otra posibilidad es que el efecto de ciertas hormonas, como los bloqueadores LHRH de depósito, que bloquean la formación de la T, perdure su efecto mucho más tiempo que el calculado.

El tratamiento no debe ser más agresivo que la enfermedad en sí, considerando que ésta, frecuentemente, tiene una evolución lenta. Este concepto debe ser tenido en cuenta, en los enfermos que han superado los 70 años.

En ciertos casos, las propuestas varían, desde "no hacer nada" haciendo un tratamiento espectante de "observar esperando", proceder a tratamientos paliativos o ejecutar procedimientos con la intención curativa.


TIPOS DE TRATAMIENTO DEL CANCER DE LA PROSTATA

Los tratamientos del CaP pueden ser:

1- Médicos
2- Quirúrgicos
3- Combinados

De acuerdo al objetivo perseguido pueden ser:

1- Espectante
2- Neoadyuvante
3- Adyuvante
4- Curativo
5- Paliativo


EL TRATAMIENTO ESPECTANTE DEL CANCER DE LA PROSTATA

El no proponer ningún tratamiento y sólo seguir controles periódicos es la mejor conducta en ciertos casos.

Esto puede ser apropiado en hombres con una espectativa de vida menor de 10 años, con tumores en estadio A bien diferenciados, de bajo grado, en pacientes con escasos síntomas, con riesgos clínicos acentuados, en los que el hallazgo de un CaP ha sido un hecho fortuito en una pieza operatoria y en aquellos con un severo deterioro mental y sin dolores y sin obstrucción urinaria.

El tratamiento espectante involucra tratar los síntomas irritativos y/o si se detecta la elevación progresiva y rápida del PSA en las evaluaciones periódicas.

Los CaP en estado inicial y de bajo grado (Scores 2-3) en personas de más de 65 años, que no progresan rápidamente durante los primeros cinco años pueden seguir en una vigilante espectación sin ningún tratamiento aunque es posible que el 20% de ellos, tenga síntomas en los siguientes 10 años.

De cada cien pacientes, 80 evolucionan de esta manera, lo que indica que pocos cánceres se mantienen estables sin evolucionar (8).



LA SUPRESION ANDROGENICA COMPLETA EN EL TRATAMIENTO DEL CANCER DE LA PROSTATA HORMONODEPENDIENTE

El CaP hormonodependiente, puede ser controlado con la manipulación hormonal.

El tratamiento en base a la supresión androgénica completa por la acción bloqueadora de ciertas sustancias y hormonas, puede ser una opción muy válida en muchos casos y en ocasiones sus efectos pueden perdurar un tiempo tan prolongado como la supervivencia natural del paciente.

Este tipo de tratamiento puede ser el único ofrecido al enfermo en la espera de una mejoría de la enfermedad para ser tratada con procedimientos curativos como la cirugía y las radiaciones.

Esta conducta de neoadyuvancia es aconsejada para la reducción del tumor y hacerlo más accesible a los otros tratamientos con posibilidad curativa.

El tratamiento médico puede ser empleado también para sostener o mejorar los resultados de los procedimientos quirúrgicos o radiantes que se hayan empleado con intenciones curativas y no han respondido a esa espectativa. En esta circunstancia los tratamientos adyuvantes pueden mejorar los síntomas pero dificilmente curen al enfermo.

Los andrógenos pueden ser disminuidos con tratamientos quirúrgicos y/o tratamientos médicos.

Los tratamientos médicos se hacen en base a:

1. Los estrógenos
2. Los antiestrógenos
3. Los progestágenos
4. Los antiandrógenos
5. Los corticoides
6. Los inhibidores de la corteza suprarrenal
7. Los análogos LHRH

Los tratamientos quirurgicos se hacen con:

1. La castración
2. La hipofisectomía
3. La suprarrenalectomía


LOS TRATAMIENTOS MEDICOS PARA LA SUPRESION ANDROGENICA

1. Los Estrógenos
Los estrógenos son hormonas femeninas que se forman en los ovarios y en pequeña proporción en los testículos.

Los estrógenos, como el dietilestilbestrol (DSB), inhiben la producción de la hormona liberadora de gonadotrofina luteinizante a nivel del hipotálamo y de la hipófisis.

Empleados en el varón, estas sustancias se oponen a la acción estimulante de la hormona luteinizante (GLH) y sobre la producción de la T en el testículo.

Por esta actividad la T testicular desciende.

Es posible, que los estrógenos tengan una acción deletérea sobre el tejido testicular provocando un fenómeno de apoptosis celular a ese nivel.

La dosis diaria de 3 mgr. de DSB por día, produce en el varón una reducción de sólo el 50% de la testosterona circulante.

En estas dosis, causa edema de los miembros inferiores, mastodinia, ginecomastia y estado náuseoso.

La posibilidad de tromboembolismo y muerte por causa cardiovascular se acentúa.

La dosis de 1 mg. por dia, es mejor tolerada y menos sujeta a complicaciones (15).

Si bien es cierto que la mejoria subjetiva es muy evidente al cabo de pocos días de tratamiento, la ginecomastia, la mastodinia y la impotencia son efectos secundarios mal tolerados para aquellos que antes no las tenían.

2. Los antiestrógenos
Ciertas drogas son usadas en ginecología para disminuir la cantidad de estrógenos (16).

Se ha comprobado que estas sustancias (Tamoxifeno y acetato de Ciproterona) actúan sobre la hipófisis bloqueando no sólo la estimulación sobre el ovario, sino que en el varón actúan sobre el testículo disminuyendo el tenor de la Testosterona y bloqueando la acción de la dihidrotestosterona en el receptor celular a nivel de la próstata.

Estas sustancias pueden provocar pérdida del apetito, disminución en la formación de los espermatozoides, impotencia, mastodinia y ginecomastia.

3. Los progestágenos
El acetato de medroxiprogesterona (MAP), el capronato de hidroxiprogesterona y el Megestrol, son sustancias sintéticas, que disminuyen los niveles de LH y ACTH a nivel hipotalámico.

Tanto por disminuir la LH como la ACTH, no sólo disminuye la producción de testosterona testicular sino también la de origen suprarrenal (17).

Tienen un efecto protector de la médula ósea en la producción de glóbulos rojos y una marcada acción analgésica.

Los efectos secundarios son a veces muy desagradables: edemas generalizados, náuseas, tromboflebitis y urticaria.

4. Los antiandrógenos
Los antiandrógenos son sustancias que compiten en los receptores celulares de la Testosterona y bloqueando su síntesis en los testículos.

En clínica humana se utilizan dos tipos de antiandrógenos.
Los más usados, son los llamados "puros", no esteroides, como la Flutamida, la Nilutamida y la Bicalutamida.

La Flutamida bloquea los receptores intracelulares de la testosterona. Se utiliza en forma aislada o en tratamientos combinados con análogos de LHRH.

Otros, menos utilizados son los progestágenos, como el acetato de medroxiprogesterona (MAP), el acetato de Megesgestrol, el Acetato de Ciproterona y el Ketoconazol.

El Ketoconazol y la Aminoglutetimida inhiben la síntesis de la testosterona tanto a nivel testicular como suprarrenal.

Los antiandrógenos puros como la Flutamida y la Nilutamida, tienen menos efectos secundarios.

Esto depende de cada enfermo y del producto empleado.

Pueden dar ginecomastia, mastodinia, impotencia, transtornos visuales con dificultad para adaptarse a la luz, intolerancia al alcohol, inflamación del pulmón ( neumonitis ), vértigos, estado náuseoso, vómitos y provocar lesiones hepáticas.

La Bicalutamida es un antiandrógeno, mejor tolerado que los anteriores y que suele ser usado en combinación con análogos LHRH.

5. Los corticoides
El Cortisol, (hidrocortisona), cuando se la aplica en forma sostenida, agota la estimulación que la ACTH ejerce sobre la suprarrenal disminuyendo la secreción de testosterona a ese nivel.

Este mecanismo equivale a una verdadera "suprarrenalectomía química" que provoca descenso de la testosterona de origen suprarrenal.

En el CaP, el Cortisol se usa como analgésico y no como bloqueador suprarrenal en el tratamiento sintomático de las metástasis que provoquen dolor.

6. Los inhibidores de la corteza suprarrenal

La Aminoglutetimida ha sido usada por mucho tiempo en el tratamiento de ciertas formas de epilepsia, pero su uso prolongado mostró que provocaba un cuadro severo de insuficiencia de las glándulas suprarrenales ("adrenalectomía médica"). Para que el descenso de la testosterona proveniente de las suprarrenales pueda ser completo con esta droga es necesario también que se bloquee la producción de ACTH hipofisario asociando a la aminoglutetimida la hidrocortisona.

La aminoglutetimida está indicada en el carcinoma avanzado de la próstata con metástasis en los huesos y que no responden a otras medidas terapéuticas (17).

Sus efectos secundarios pueden ser severos: letargia, incoordinación motora ( ataxia ), sedación, fiebre, enrojecimiento de la piel, aumento de peso, calambres, descenso de los glóbulos blancos e hipotiroidismo.

7. Los análogos LHRH (Hormona liberadora de LH)
Para que la hipófisis produzca LH capaz de estimular la formación de testosterona, es necesario que ocurra la liberación de esa hormona por factores nacidos en el hipotálamo.

Las hormonas sintéticas, que producen un efecto igual que las naturales, para que la hipófisis secrete hormona luteinizante (GLH), se denominan análogos LHRH.

La administración de estos análogos produce liberación prolongada de gonadotrofinas.

Al inicio de un tratamiento con estas sustancias en el varón, los valores de la testosterona aumentan, pero en dos o tres semanas, sus valores decaen, por un efecto de agotamiento provocado por la estimulación contínua.

Para disminuir el efecto estimulante inicial, se ha propuesto la medicación previa o concomitante con un estrógeno o un antiandrógeno durante las tres a cuatro primeras semanas de tratamiento.


LOS TRATAMIENTOS QUIRURGICOS PARA LA SUPRESION ANDROGENICA

a) La Castración
La orquidectomía bilateral continúa siendo el tratamiento endocrino paliativo más económico standard del CaP extendido.

El carácter mutilante de la operación se puede disminuir utilizando la técnica de orquidectomía subalbugínea.

Con esa modalidad, una vez retirada la masa secretora del testículo, la albugínea testicular conservada, envuelve a los tejidos del cordón creando una masa que simula el testículo original.

La inervación conservada de la albugínea mantiene la sensibilidad "testicular" de tal forma que el paciente puede palpar un bulto "similar" al testículo original a través de la piel del escroto.

Diferentes estudios han demostrado que la orquidectomía bilateral tiene, por lo menos, los mismos efectos hormonales que los tratamientos hechos con el bloqueo androgénico completo a través de los antiandrógenos + análogos LHRH (16-20).

La castración es el tratamiento de elección en la paliación del dolor de las metástasis óseas.

Su desventaja es la pérdida de la líbido y la potencia sexual, similar a lo que ocurre cuando se emplean hormonas que hacen descender a la testosterona.

Su mayor ventaja es la de ser un tratamiento definitivo y más económico que el realizado con los medicamentos.

Si se calcula que el costo del tratamiento médico por mes, es de alrededor de 500 U$A por cada ampolla de cualquier análogo LHRH de reabsorción lenta y de que deben ser aplicadas mensualmente de por vida, o un tiempo prolongado, el costo anual por medicamentos se eleva a más de 5000 U$A.

Este costo ha descendido con la aparición de análogos de reabsorción lenta de cuatro meses cuyo valor por unidad es de alrededor de 700 U$A (2.100 U$A por año).

Con la castración, se consigue el mismo objetivo por el tiempo de vida del paciente con la quinta parte de los costos por año de supervivencia.

Este procedimiento es de tener en cuenta en poblaciones alejadas de los centros de control, en la población carenciada y sin cobertura social que afronte los gastos del tratamiento.

Aunque alivie los dolores óseos de las metástasis no se ha comprobado que la castración sea un tratamiento curativo del cáncer de la próstata.

En pacientes de mas de 70 años, con tumores de grado bajo, la castración pueden conseguir una supervivencia del paciente por más de cinco años sin una evolución gravosa atribuida al CaP.

b) La suprarrenalectomía
La ablación de ambas glándulas suprarrenales (a cielo abierto o por laparoscopía) intenta por ese medio evitar la formación de Androstenediona y Deshidroepiandrosterona por parte de estas glándulas.

Los resultados obtenidos no justifican los síntomas a veces severos de la insuficiencia suprarrenal de instalación brusca.

Actualmente con fármacos como la Amioglutetimida, la Espirolactona y el Ketoconazolha, la Cortisona y el Megestrol, la supresión de andrógenos suprarrenales puede ser conseguido sin los inconvenientes de la suprarrenalectomía.

c) La hipofisectomía
La anulación de la hipófisis se ha empleado en la intención de suprimir los estímulos nacidos de ese origen que estimulan la formación de testosterona.

Se ha buscado ese objetivo por cirugía, radiaciones externas, radiaciones intersticiales en los casos de CaP con metástasis no controlables por otros medios.

Aunque no se ha demostrado la regresión tumoral o la prolongación de la supervivencia, se ha apreciado mejoría en el dolor óseo en el 50 al 70% de los casos.

Es posible que este efecto no tenga relación con alguna influencia endocrina sino que sería la consecuencia de una alteración de la secreción de endorfinas y encefalinas, neurotransmisores opiáceos endógenos, comprometidos en la neurotransmisión de los estímulos dolorosos.

La supervivencia de estos pacientes es relativamente corta (3 a 24 meses) y puede ser cuestionable si el beneficio probable obtenido justifica la morbilidad, el tiempo de internación y el costo del procedimiento (20).


EL TRATAMIENTO CURATIVO DEL CANCER DE LA PROSTATA

La falta de persistencia de los buenos resultados obtenidos inicialmente con los tratamientos médicos, en pacientes con una espectativa de vida de más de diez años, hace que la curación del CaP sea buscada con otros tratamientos como la prostatectomía radical o la radioterapia. Si las condiciones locales y generales del paciente lo permiten, la supervivencia de más de 10 años luego de tratamientos quirúrgicos o radiantes, oscila entre el 86 al 93% sea cual fuera de ellos el método empleado.

Uno de los principales inconvenientes de estos procedimientos es la posibilidad de que se les asocien efectos secundarios difíciles de resolver, como la impotencia, la estrechez de la uretra, la incontinencia de orina, la cistitis intersticial o la rectitis estenosante, que pueden alterar el confort del paciente aún cuando se haya conseguido la cura biológica de la enfermedad (11-12-20).


LA PROSTATECTOMIA RADICAL (PR)

La extirpación quirúrgica de una próstata con cáncer, intenta curar la enfermedad localizada en la glándula.

Ese objetivo es posible de ser alcanzado en los tumores que no han atravesado los límites anatómicos de la glándula, no han pasado a los tejidos vecinos, ni han dado metástasis a distancia.

Estas condiciones siempre son difíciles de comprobar a priori (11-12-13-20).

La extirpación quirúrgica de la próstata por cáncer, incluye también la extracción de las vesículas seminales y las ampollas de los deferentes (Fig. 4).
FIG. 4
 
ANIMACION DE UNA PROSTATECTOMIA RADICAL
 


Indicaciones de la PR:


La PR esta indicada en:

- Enfermedad limitada a estadios A y B.

- Comprensión y aceptación del paciente del procedimiento a que va a ser sometido.

- Conocimiento de sus posibles complicaciones (incontinencia, impotencia, obstrucción).

- Aceptar que en esas condiciones sólo el 90% tiene la posibilidad de curación completa a los 10 años y el 10%    restante deben continuar con tratamientos paliativos adyuvantes.

- Limitarla en aquellos cuya espectativa de vida útil no supere los 10 años.

- El límite de los 70 años de edad, para poder acceder a la PR es orientativo y no debe ser un concepto aplicable a    todos los casos.

Complicaciones de la PR:

1. Impotencia
Un 70% de los pacientes sometidos a prostatectomía radical, tienen posibilidad de quedar impotentes.

Esto es válido si el enfermo ha sido con anterioridad potente.

A pesar de que esta complicación puede ser evitada, es una alternativa que el paciente debe conocer de antemano.

La prostatectomía radical no modifica la líbido y el deseo sexual permanece intacto en aquellos no sometidos a neoadyuvancia.

En esa circunstancia si la erección ha sido dañada por la operación, puede ser estimulada con inyecciones vasoactivas intrapeneanas o reemplazada con prótesis para impotencia.

2. Estrechez de la unión vésicouretral
Extirpadas la próstata y las vesículas seminales, la vejiga debe ser anastomosada a la uretra, para hacer posible que el paciente vuelva a orinar por su vía natural.

Esta anastomosis puede estrecharse y dificultar la salida de la orina.

Esta complicación ocurre entre el 5 y el 10 % de los casos.

3. Estrechez de la uretra
La estrechez de la uretra ocurre entre el 10 al 20 % de las operaciones de prostatectomía radical.

Las estrecheces pueden tratarse con dilataciones periódicas, tratamientos endoscópicos o plásticas quirúrgicas según sea la extensión y el número de las mismas.

4. Incontinencia de orina
La pérdida del control de la orina es muy frecuente en el postoperatorio inmediato.

Gradualmente esta condición se atenúa y el paciente vuelve a ser continente en un tiempo entre dos a seis meses.

Entre un 7 y 12% de los operados, tiene incontinencia de orina que persiste mas allá de un año.

La incontinencia de orina puede ser tratada con medicamentos, con electroestimulación, con una operación de sling o con el implante de un esfínter artificial.

La PR está sujeta a ciertas limitaciones que es necesario que el paciente conozca antes de aceptarla.

Limitaciones de la PR:

Un 40 al 60% de los pacientes propuestos para prostatectomía radical, están en realidad en un estado más avanzado de la enfermedad que lo calculado por los métodos de diagnóstico.

Este error los puede inhabilitar formalmente para acceder a este tratamiento.

Si los ganglios hipogástricos tienen tumor, la PR no es lo más indicado y en ese caso debe optarse por un tratamiento paliativo con radiaciones.

Habitualmente esta circunstancia sólo puede ser detectada con la exploración quirúrgica a cielo abierto o con una laparoscopia biópsica.

Si hubiera adenopatías de CaP sólo el 15% de los enfermos con metástasis ganglionares se curan definitivamente con el vaciamiento ganglionar y/o radiaciones.

Un estudio comparó los resultados de la prostatectomía radical con los conseguidos con radiaciones y mostró que aquellos enfermos con enfermedad ganglionar tratados sólo con prostatectomía, tenían mayor supervivencia, aunque no mayor índice de curación, que los que mantenían a la próstata "in situ" y habían sido sólo tratados con rayos.

Aunque definitivamente, es necesario aceptar que en presencia de metástasis ganglionares la PR no brinda los mismos resultados que si eso no ocurriera, los nuevos avances del tratamiento radiante combinado o no con la prostatectomía parece mejorar los resultados si eso ocurre.

Se ha sugerido que la radioterapia, con o sin, hormonoterapia previa provoca la reducción del tumor, posibilitando la extirpación quirúrgica posterior si se ha extendido fuera de la próstata.

Este proyecto, es aún motivo de controversia ya que los resultados alcanzados no tienen el tiempo de observación suficiente ni el número de pacientes necesarios para confirmarlo.

Conclusiones acerca de la PR:

1- Aunque no existe una edad definitiva aceptada para limitar la indicacion de la operación, se considera que los      pacientes de hasta los 75 años, tienen una espectativa de vida que justifica el riesgo y posibles complicaciones de      este acto quirúrgico.

2- Aunque la extensión del tumor, fuera de los límites de la próstata pueda ser modificado con tratamientos médicos      y radiaciones, la invasión de los tejidos periprostáticos disminuye los buenos resultados alejados.

3- Los pacientes que luego de la prostatectomía radical tienen niveles detectables de PSA, tienen menos      posibilidades de cura definitiva, pero se benefician con un ulterior tratamiento con radioterapia o bloqueo      androgénico completo (tratamiento hormonal).

4- Entre un 30 al 80% de los casos, esta conducta reduce los valores del PSA a valores indetectables.
     Sin embargo un 30% a 80% de ellos, pueden tener una nueva elevación del PSA al cabo de dos años. La      radioterapia hecha en estos casos reduce los porcentajes de la recidiva local pero no está comprobado que      modifique la supervivencia global.


EL TRATAMIENTO CON RADIACIONES DEL CANCER DE LA PROSTATA

Las radiaciones pueden ser usadas como tratamiento curativo del CaP, siempre que se cumplan ciertas condiciones.

Las Radiaciones externas en el tratamiento del Cáncer de la Próstata (RPE) (13).

El tratamiento de los tumores con rayos originados en un tubo de rayos catódicos, ha sido propuesto desde principio del siglo XX.

Afortunadamente, las células del adenocarcinoma de la próstata son sensibles a las radiaciones, pero esta circunstancia está limitada por la reacción de los tejidos vecinos.

Esta respuesta es capaz de transformar el tratamiento radiante en una segunda enfermedad en ocasiones más invalidante que el cáncer en si.

Actualmente el tratamiento basado en la aplicación de rayos provenientes de aparatos de radiación externa, ha sido extraordinariamente mejorado y esas complicaciones son menos frecuentes e intensas.

Cuando estas radiaciones provienen de pequeños trozos de cobalto radioactivo que emiten sus radiaciones en forma rotatoria, su máxima concentración puede ser exactamente monitoreada y limitada a un área precisa.

De esta forma pueden minimizarse los efectos secundarios (radioterapia tridimensional conformada ).

Resultados de la RPE
Cuando la radiación es excesiva, puede actuar sobre las vísceras vecinas, como el recto y la vejiga. Cuando esto sucede, se crean situaciones difíciles como ulceraciones y estrecheces de complicado tratamiento.

Con la moderna tecnología estas posibilidades se han atenuado ostensiblemente.

Si el tumor está limitado a la próstata y es tratado correctamente, con radioterapia tridemensional conformada, la cura puede alcanzar al 80% o 90% de los casos al cabo de los cinco años, al 58% a los 10 años y al 37% de ellos a los 15 años (13).

Estos resultados no son significativamente diferentes a los obtenidos con la prostatectomía radical hecha en las mismas condiciones.

Evolución de las tasas de PSA luego de la RPE
Los niveles del PSA pueden seguir elevándose luego de la primera semana de tratamiento radiante, pero descienden más tarde a los valores normales.

Entre el 50 y 70% de los enfermos, el PSA vuelve a elevarse dentro de los cinco años y en el 80% de los casos, dentro de los 10 años siguientes.

Esta recaída bioquímica, es mayor que la observada en la prostatectomía radical.

Indicación de la RPE como tratamiento paliativo

En hombres con deterioro psicofísico, con extensa enfermedad local, elevados niveles de PSA, tumores muy indiferenciados, con alto riesgo de metástasis alejadas o metástasis confirmadas, es más apropiado iniciar el tratamiento médico paliativo con bloqueo androgénico completo que con radioterapia.

La radioterapia puede ser usada en forma paliativa luego de un tratamiento hormonoterápico reductor o después de una recidiva de una prostatectomía radical.

Bajo el tratamiento hormonal, el tumor reduce su tamaño y limita sus bordes.

En esa circunstancia la masa se ha reducido pero el tumor persiste seguramente.

En algunos casos puede observarse la reducción del grado de agresividad del tumor y bajo esas circunstancias, el tratamiento con radiación externa, puede conseguir un mejor control ulterior.

La hormonoterapia combinada con la radioterapia ha conseguido resultados alejados que se acercan a los de la PR sin adenopatias ( estadios A y B ).

La termoterapia prostática a más de 43º C° x 30 minutos endorectal asociada a las radiaciones externas puede significar una mejoría de los resultados de los tratamientos radiantes (19).

Complicaciones de la RPE
En el 40 al 60% de los que han sido sometidos a radioterapia externa, se produce impotencia y entre un 3 al 5 % de ellos cursa con algún grado de incontinencia de orina.

La Braquiterapia intersticial en el tratamiento del Cáncer de la Próstata (BP) (14).

Para evitar el efecto nocivo de las radiaciones externas, no siempre controlables por la diferente sensibilidad de los tejidos, se implantan agujas de material radioactivo: Iodo 125 semillas de Oro 198, o implantes temporarles de Iridium 192.

Las agujas son posicionadas a través de la ecografía transrectal que permite ubicarlas en las áreas elegidas.

Los resultados dependen si existe o no extensión de la enfermedad. Mejores son los resultados obtenidos cuando se aplican en los estadios A que en los B.

En muchos centros, los elementos radioactivos se introducían en la próstata cancerosa por una incisión hecha a través de la pared del abdomen.

Esta táctica permitía al mismo tiempo investigar a los ganglios linfáticos para analizar la existencia de metástasis ganglionares. Si asi ocurría la operación terminaba allí y cedía paso a la hormonoterapia y al tratamiento radiante.

Si la existencia de adenopatia cancerosa ha sido descartada, la prostatectomía radical o el implante de semillas radioactivas pueden ser empleadas con buenas espectativas de cura radical.

La braquiterapia intersticial, ofrece ciertas ventajas sobre la radioterapia externa:

1) Es un tratamiento mejor confinado a la próstata y menos expuesto a lesionar los tejidos vecinos.

2) Cuando se hace usando una vía transabdominal, permite la precisa investigación de los ganglios hipogástricos de      extraordinario valor pronóstico.

3) La duración del efecto radiante, puede ser controlado con premeditación según sea el elemento radiante usado.

4) La dosis de radiación conseguida con el implante de agujas intersticiales, depende de la exacta ubicación de las      mismas.

5) Su acercamiento o alejamiento sobre las áreas de tumor pueden hacer variar los resultados.

6) Esto es más frecuente en los tumores voluminosos que en los pequeños.

7) Con esta táctica, es imposible actuar sobre los tejidos y ganglios linfáticos regionales.

8) Estos inconvenientes pueden ser superados combinando radioterapia intersticial con la radioterapia externa.

9) La propuesta de iniciar el tratamiento con braquiterapia y completar después con radioterapia externa      conformada es un proyecto que puede ser aplicado según ciertas circunstancias.


TRATAMIENTOS EN EL CANCER DE LA PROSTATA HORMONORESISTENTE

Los resultados obtenidos con los tratamientos médicos del CP refractario a la manipulación hormonal son pobres (16).

Se han intentado múltiples esquemas de quimioterapia, pero los resultados fueron poco alentadores.

Ultimamente se evaluó la combinación con Vinblastina y Estramustina, drogas que inhiben la reproducción celular.

La respuesta global fué de el 30 al 50% pero de corta duración.

La asociación de la Estramustina con el Etopósido VP-16 parece ofrecer resultados más promisorios.

La Suramina aún en etapa de investigación, tiene efectos antitumorales que pueden estar relacionados con su acción inhibitoria sobre el factor de crecimiento celular.

Tiene además una acción inhibitoria de la angiogénesis.

Sólo un tercio de los pacientes tratados con esta droga responden inicialmente en forma favorable al tratamiento, pero ninguno lo ha hecho en forma completa o prolongada más allá de los seis meses.

La mejoría sólo se observó cuando el PSA descendía al 75% de su valor inicial.


TRATAMIENTOS PALIATIVOS DEL CANCER DE LA PROSTATA


Luego que se han agotado todas las posibilidades de actuar sobre el tumor y sus metástasis, dos circunstancias obligan a procedimientos paliativos: la obstrucción urinaria y el dolor.

Generalmente estos efectos se interrelacionan entre sí.

1. En la obstrucción

Cuando el CaP se ha extendido fuera de sus límites anatómicos, puede invadir y obturar la uretra y/o uno o los dos meatos ureterales.

Si la uretra se obstruye ocurre retención de orina.

En la retención aguda si la uretra no es permeable, la orina puede ser evacuada a través de una punción suprapúbica que debe ser reemplazada por una sonda uretral apenas la permeabilidad de la uretra lo permita.

Cerca del 40% de los pacientes de más de 65 años que sufren un episodio de retención aguda de orina son sospechables de tener un CaP (3).

Sorteado este episodio, el tratamiento hormonoterápico suele revertir la situación.

Si la micción no se recupera, se puede optar por la sonda en permanencia con oclusión intermitente, el cateterismo intermitente limpio, el implante de una prótesis endouretral o realizar una resección endoscópica permeabilizadora de la uretra (RTU).

La talla vesical definitiva es una práctica que debe ser evitada.

Si un meato ureteral se obstruye, el riñón se dilata y provoca dolor.

Si ambos meatos se obstruyen, el enfermo entra en uremia.

En esa etapa, el paciente tiene sopor, sus dolores calman y fallece.

Cuando los meatos ureterales se han obstruido por infiltración neoplásica la cateterización endoscópica puede no ser posible a pesar de recurrir a una resección endoscópica de uno o ambos meatos.

Prolongar la vida en esas circunstancias, es posible a través de la derivación percutánea de las pélvices renales dilatadas por medio de una o dos nefrostomías percutáneas o realizar una o dos ureterostomías cutáneas de mas fácil control.

La sobrevida esperada en estos pacientes asi tratados puede llegar a ser de un año, de tal manera que esta circunstancia debe ser analizada con criterio en cada caso.

Nuevas tácticas se vislumbran en el tratamiento paliativo del CaP como la criocirugía a través de ultrasonido, la hipertermia y el uso de rayos Laser.

Estos métodos están aún en un período de evaluación de sus resultados y debe esperarse más información para poder utilizarlos en clínica humana (17).

2. Dolor por Ca. de próstata

Los dolores del CaP pueden ser atenuados con analgésicos comunes como la Aspirina (AINES) o requerir el uso de drogas más enérgicas intensas como los morfínicos.

El dolor por CaP puede ser debido a obstrucción de la vejiga, de los riñones, o a la compresión nerviosa.

La desobstrucción por los métodos indicados, logra atenuar el dolor de la obstrucción pero no lo hace si existe compresión nerviosa o una fractura patológica.

La compresión nerviosa por metástasis ganglionares o fracturas vertebrales, comprime los nervios vecinos a estas estructuras.

El tratamiento, sea con extirpación quirúrgica de los bordes óseos fracturados o la radioterapia no siempre es exitoso.

Los bloqueos o las secciones nerviosas, o la infiltración con sustancias neurolíticas, sea en los nervios periféricos o en plena médula espinal, son tratamientos que deben ser considerados en cada circunstancia.


BIBLIOGRAFIA SOBRE EL CANCER DE LA PROSTATA

1- SCHALLY A. V., COMARU-SCHALLY A. M.: Use of luteinizing hormo releasing hormone analogs in the      teatment of hormode-pendent tumors. Sem. Reprod. Endocrin. 5 : 389-398,1987.

2- COFFEY R. N. T., WILLIAM R., WATSON G., FITZPATRIC J. M.: Signaling for the caspases: their role in      prostate cll apoptosis. J Urol 165:5-14, 2001.

3- MILLER B.A., RIES L. A. G., HANKEY B.F., KOSARY C.L., EDWARDS B. K.: Cancer Stadistic Review,      1973-1990. Bethesda, MD: Natio. Cancer Institute. NHI Pub, 1993.

4- BRAWLEY O. W., KRAMER B. S.: The Epidemiology and Prevention of Prostate Cancer. En Prostate      Cancer. 47 - 64, 1994. Wiley Liss, 1994.

5- GUZMAN J.M.: Sintomatología urinaria en una población de más de 65 años de edad; 840 pacientes      pertenecientes al sistema PAMI de la República Argentina. Informe preliminar elevado a las autoridades de      PAMI. Dic. 1979.

6- KEETCH D.W., ANDRIOLE G. L.: The Use of Tumor Markers. Prostate Cancer. 6, 95-112 Wiley-Liss,      1994.

7- BRAWER M.K., PARTIN A. B.: The promise of new serum markers for prostate cancer. Contemporary      Urology V.11 N.3 pag 45-75,1999.

8- OESTERLING J. E.: Molecular PSA: The next frontier in PCA screening. Contemporary Urology Vol 8, N.4.      pag 76- 92, 1996.

9- CASAL J.M., GONZALEZ O., DEPARCI A., ALE R., KAENZ R., GARCIK A., GRIPP0 L.: Cociente PSA      libre/PSA total, su significación y utilidad diagnóstica en el cáncer de próstata. Rev. Arg. de Urol., 64, 2, 77-82,      1999.

10- GLEASON D. F.: Histologic grading and clinical staging of prostatic carcinoma. Tannenbaum M (Ed):        Urological Patho- logy. Philadelphia: Lea & Febiger, 171-198, 1977.

11- PAULS0N D. F.: Tratamiento del carcinoma de próstata localizado (estadíos clínicos A y B). Enfermedades de        la próstata. Lepor/Lawson. W B. Sawunders Co. 29, 466-482, 1993.

12- PAULSON D.F., LIN G.H., HINSHAW W., ETEPHANI S.: Radical Surgery versus radiotherapy for the        adenocarcinoma of the prostate. J. Urol., 128, 502-506, 1982.

13- WALSH P.C., JEWET H.J.: Radical surgery for prostate cancer. Cancer, 45:1906-1910, 1980.

14- HANHS G.E.: External bean radiation treatment for prostate cancer: still the gold standar. Oncology 6 (3):
       79-89, 1992.

15- RUSSELL K.J., BLASKO J.C.: Recent advances in interstitial brachyterapy for localized prostate cancer.        Problems in Urology, Therapeutic Strategies. Prostate Cancer, Hagerstown, MD: J.B. Lippincott, 7 (2)
       260-279, 1993.

16- AHAMANN F.R., DALKIN B.L.: Controversies in the Management of Newly Diagnosed Metastatic Prostate        Cancer. Prostate Cancer, 215-233, 1994, Wiley-Liss, Inc.

17- DAWSON N.A., KOBAYASHI K., VOGELZANG N.J.: Recent Therapeutic Advances in "Hormone        Refractory" Metastatic Prostate Cancer: Flatima Withdrawal, Estramustina Plus Vinblastine, Estramustina Plus        Etoposide, and Suramin. Prostate Cancer, 235-260, 1994, Wiley-Liss, Inc.

18- KINGSTON T.E., STEIN B.S.: Alternatives therapies for local or locally recurrent prostate cancer. Prostate        Cancer 165-174, 1994, Wiley-Liss, Inc.

19- ALGAN O., FOSMIRE H., Y Col.: External beam radiotherapy and hyperthermia in the treatment of patients        with locally advanced prostate carcinoma: Results of long follow-up. Cancer 2000, 89 (July 15):399- 403.

20- SMITH J.A., MIDDLETON R.G.: Clinical Management of Prostatic Cancer. Year Book. Medical Publisher        Inc. Chicago. 1987.